Rincón flamenco
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Una luz en la penumbra

Diario de Jerez

Vamos señores a motivar a la vida“, expresa José de los Camarones a sus compañeros mientras le reciben entre abrazos.

José de los Camarones es la luz en la oscuridad, la voz de un artista que le canta al dolor, la alegría y al amor de la vida que en estos duros momentos vive lo trágico de las tragedias. “Yo no enciendo ya ni el televisor”, señala el cantaor a pocos minutos de empezar mientras sube las escaleras.

En esa lucha constante de pensamientos entre el dolor y la felicidad, José de los Camarones calienta su voz mientras los músicos afinan sus instrumentos en la sala Cuarto Creciente, un oasis para la música, situado en calle Francos, que arrancó su aventura en Jerez justo antes de la pandemia y que ahora vuelve a recuperar poco a poco el aire.

Son las cinco y media, una sala oscura en la que solamente unos privilegiados tienen el oportunidad de escuchar una voz, que comienza su recital de cante con un pregón a los recuerdos, a la venta de camarones, langostinos y mejillones que el jerezano intercambiaba con los consumidores a cambio de unas monedas.

José de los Camarones embriaga con su espíritu, con una voz que a través de soleás, granaínas, tarantos y bulerías dan rienda suelta a los sentimientos de un alma alegre, a veces atormentada y otras místicas.

Jorge Gómez a la guitarra eléctrica, Orly Carrodeguas a la trompeta y teclados junto a la percusión de Rafael G. Fotaiña, permitieron elevar el cante del jerezano más allá de la penumbra, encumbrando un concierto desde la más absoluta la intimidad hacia el paraíso.

El cantaor es el puro reflejo de la vida, de la meditación a través de un cante puro al igual que el cariño con el que despidieron los asistentes al recital.

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