josé de los Camarones

José de los Camarones en Museos de la Atalaya

En la Atalaya, a las seis y media de la tarde, José de los Camarones sedujo de principio a fin. En Tenlo por cuenta exhibe su lado más canalla, por su desparpajo y sinceridad, libre de ataduras y reposando su metal flamenco y sus cantes de siempre en unos músicos absolutamente compenetrados y disfrutones, con los que José comenzó a vender sus camarones, ataviado con su uniforme y cesta en mano, hasta llegar a su No me metas bulla tan burlesco como autobiográfico, pasando por la colombiana y ranchera, soleá de Triana o petenera. Este espectáculo merece la pena, es altamente recomendable y nadie debería perdérselo. Da gusto encontrarse con músicos así –Jorge Gómez en la eléctrica, Teto estuvo en la percusión, Daniel Quiñones en el bajo, el teclado fue de Josema Pelayo y la trompeta la hizo sonar David Strike– y con un perfil, el de José, que no entiende de dobleces y se muestra tal y como es, humano y de barro, sincero y optimista. Junto a María del Tango, una voz bella y entusiasta, ofrecen una versión de Diálogos con Teresa de Neruda que nadie podrá olvidar. El guiño al baile lo pone Alejandro Molinero. El de los Camarones sigue experimentándose en ámbitos musicales, poéticos y filosóficos que lo convierten en el más poliédrico de los de su barrio San Miguel.

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